Batallas… ¿o vuelos?

Uuuufff… Cuesta trabajo enfrentar nuevos retos en la vida, incluso, empezar a descubrir que ya los tenemos enfrente. Nos queda claro que si los superamos, nos volveremos mucho más libres y por lo mismo, más felices. Pero ese logro, ese triunfo es algo que se queda dentro de nosotros. Muchas veces quisiéramos que las personas con quienes nos toca enfrentar las batallas, fueran el premio. Pero el mayor premio siempre estará dentro de nosotros. “Todo comienza y termina en nosotros”. A través de los demás nos espejeamos, nos conocemos, nos descubrimos.
Amar incondicionalmente…
Sobre una base de confianza y cariño, no creo que sea tan difícil. Pero desarrollar esa base tampoco es tarea fácil. Es sencillo cuando dos personas son muy parecidas. ¿Pero qué sucede cuando te enamoras hasta el tuétano de alguien tan igual y a la vez tan distinto a ti? ¡Doble tarea! Y si además, no vive en la misma ciudad que tu… ¡Triple! Eso le da un grado más de complejidad a la historia. Pero nada es imposible. “Uno decide siempre si se queda o abandona su batalla”. No podemos vivir abandonando cada reto que se cruza en nuestro camino porque todo tiene siempre una razón de ser y de existir.
El amor no se escoge, el amor no entiende de razones porque las razones son relativas, cambiantes en cada uno de nosotros. Entonces ¿qué queda? Abrir el corazón, decidir confiar, doblegar el ego y el orgullo, sentir amor sin razón y sacar toda la seguridad y autoestima que, en ocasiones, creíamos no existía en nosotros. Todo vale la pena cuando se ama. Si la otra persona logra hacer lo mismo… ¡wow, dos ganadores en una misma batalla! ¡Empate! ¡Doble corona! Pero si sólo uno lo logra… que ese se lleve su medalla, le de al contrincante un beso que dure por siempre y que continúe su camino.
Cuando hay una cama en donde enfrentar la batalla con una de las herramientas más poderosas: “la mirada”, y una de las estrategias más deliciosas “los cuerpos que se aman”, todo es más fácil.

Y creo que cuando dos personas que se aman dejan a un lado el orgullo y se besan, descubren que no están enfrentando ninguna batalla, sino emprendiendo un largo vuelo…

Te amo.

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