Cuando se te derrama la leche fría hasta los pies y la sientes en el cielo…

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog, pero sin duda, ha pasado más vida y se me ha derramado la leche fría hasta los pies, hasta el cielo…
Para todos aquellos intensos como yo, es que  me siento a escribir mis historias, a compartir experiencias, pero sobre todo, a celebrar la vida.
Me levanté esta mañana con una sensación nueva, con una especie de frustración que no conocía. De pronto quise nadar en unos ojos, en un cuerpo y no encontré nada en el fondo. ¿Habrá sido el miedo a mostrar la desnudez del alma? No entendí. El caso es que ni el café me supo. Después de 2 espressos insípidos, un silencio que incomodaba y la mente dando vueltas y vueltas, de pronto me di cuenta que la pasión es producto de nuestras vivencias, nuestros dolores, caídas, desamores, amores, ilusiones, esperanzas y también de nuestros pecados. Y es que la vida se debe notar, se debe transpirar por los poros de la piel…
Nos quejamos de todo lo que nos sucede y nos incomoda, sin darnos cuenta de que es lo que nos vuelve interesantes, lo que nos da historias para contar, lágrimas para compartir y la capacidad de comprender,  tocar y besar un cuerpo con el morbo, el deseo y el éxtasis para vaciarnos en él. Ufffff….
Entonces me vi al espejo y me reconocí de nuevo. Vi en mis ojos pasión y  en mi cuerpo deseo. Hasta me puse a bailar con los ojos cerrados. Mi alma y mi piel se sentían como las olas del mar, como el calor de la playa, como el llanto del adios y comprendí que mi vida ha sido mi mejor canción, mi mejor inversión.
El cielo de la vida sólo se siente cuando te atreves a pecar…
Sí, el espíritu se mantiene de pie e inquebrantable sólo cuando nos dejamos guiar por el corazón y aprendemos a silenciar la mente.

Hay momentos inevitables que son una cita con el destino…
¿No les han pasado? Hay momentos en los que sabes que no deberías hacer cosas, pero sin embargo, sientes que debes hacerlas. Y bueno, como yo resulté ser más sensible que la lengua… Ja, ja, ja, pues se las dejo de tarea. ¿Razón o sentimiento? ¿O un poco de ambos? Creo que estos dos no son muy amigos. Y entonces, ¿con cuál te quedas?
Esta mañana me vi al espejo y le di las gracias a la vida y a mi locura por haberme permitido hasta hoy ser amigo, novio, amante… “traidor aparente”.
He sido el bueno, el malo, la víctima y el verdugo del cuento. Pero eso si, siempre he sido yo.
37 años después de atreverme a ser débil, descubro que mi mayor fortaleza es el amor, la fuerza de mis sueños y mis deseo. La ilusión por conseguir a quien pueda amarme tal y como soy y me de la oportunidad de hacerle feliz también.

Mi frase de hoy: Cuando dos almas se encuentran, los cuerpos pierden su nombre pero recuerdan su sentido…

Tenemos que reconocer que hay ocasiones en las que simplemente no puedes ser “políticamente correcto”. Y entonces,  ¿que haces?
Pues vuelves tu experiencia todo un himno a la vida.
¿Y después qué haces? Pues caminas con la frente y el espíritu en alto, con el corazón abierto y la sonrisa en los labios. Coleccionas un secreto y te llenas de ti.

Cuando te sientes así, toda la gente te voltea a ver… ¡Pero cuidado..! A veces nuestro brillo atrae, pero a veces también deslumbra…

¡Vive!
Al final, lo único que queda, lo único que recuerdas, es todo aquello que te atreviste a hacer y a sentir…

Salvador Núñez.


  1. Mayra

    creo que el sentimiento sin razón puede lastimarte, el sentimiento es la guia y la razón debe sólo dar dirección, sino la pasión podría desborte y lastimar a otros incluso

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