La factura de tanta leche fría…

¿Cuántos tropiezos, cuántas desiluciones, cuántas frustraciones, lágrimas, sinsabores y nostalgias te has permitido beberte en tu vida?

De chavo me bebí litros y litros sin saber lo que hacía. Hoy no se si salí demasiado inconsciente o tremendamente valiente, pero cuánta vida me regalé y sin duda, cuánta vida di también a los demás. Creo que fui muy generoso con este mundo y como regalo recibí todo el universo que hoy llevo dentro y está escribiendo frente a este monitor de computadora en un sábado semisoleado en el que me siento contento pero algo me falta… Eso si, la taza de café siempre está presente. Ja, ja.

Después de esa juventud desenfrenada e intensa, llegó a mi la “aparente” calma, el “intento” de cordura, la “inevitable” responsabilidad. Cayó sobre mis hombros no se si mi propio muro o el de toda una sociedad. Viví tan preocupado por ser “correcto”… Obviamente nunca lo logré. Ja, ja, ja. Quizás ese fue uno más de los retos valientes que quise ponerme, pero al final, aunque efectivamente me llenó de aprendizaje, de experiencias, de cierta maduréz y de autoconocimiento, pareciera que de pronto esto mismo me ha regresado al punto de partida. Que misterio el de esta vida loca, loca, loca. Yo creo que por eso me cae tan bien. Nos faltarán tornillos a ambos o quizás sólo insistimos en sacárnoslos y tirarlos cada que todo empieza a funcionar aburrida y agonizantemente en orden.

¿Será el orden algo perfecto? ¿Qué es perfecto entonces? ¿Para quién es perfecto? ¿Ser perfecto es correcto o incorrecto? Creo que en esto nunca nos pondremos todos de acuerdo. El término “perfección” siempre será una condición de adentro, un click que más bien significa “congruencia” con nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Cuando logramos cuajar estos tres ingredientes y nos sentimos contentos, tranquilos y liberados, entonces estamos viviendo nuestra propia perfección. Una perfección que cambia a cada instante y que va mutando con nuestras ilusiones. Pero para llegar a esto se necesitan “huevos” y muchos. Ja, ja, ja. Esos huevos que sólo pueden existir si se han usado y fortalecido con los años. O bueno, unos tremendos “ovarios” según sea el caso.

Aveces pareciera que vamos como los cangrejos (´pa atrás)… pero no. En la vida vamos viajando en círculos, o más bien en espirales. Si, como esos espirales rojos de los caramelos de menta, de los bastoncitos que adornan la navidad. Aparentemente volvemos tarde o temprano al mismo punto pero no. Es pura ilusión óptica, porque en realidad siempre vamos avanzando peldaños hacia arriba. La gente cree que ve lo que ve y lo juzga, pero lo real es algo que únicamente puede sentirse y saberse.

Entonces, la diferencia entre el punto de partida y el lugar al que “supuestamente” volvemos con el paso de los años, es únicamente la percepción que tenemos de él.
La primera vez que andamos el camino es de forma accidentada, atropellada y hasta temerosa, pero aún así es fascinante. La segunda vez se vuelve algo consciente, libre, amoroso y divertido. Esto no le quita la dósis de risas y lágrimas, porque si no, ¿qué sería estar vivos? pero se disfruta, se agradece y te hace volar de manera diferente. Y no es que hayas logrado obtener el control, al contrario. Es que quieres perderlo cada vez más para que la vida te siga regalando sorpresas.


Entonces vuelves a amar desenfrenadamente y vuelven a estar libres todos los papeles que quieras jugar en la película de tu vida.

He sido hijo, niño, hombre, amigo, novio, pareja y amante. ¡Qué delicia! Nunca me he privado de nada. Quizás no por valiente, sino porque no he encontrado escapatoria. Ja, ja. Pero este sentido de poca orientación ha sido uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida.
De pronto me siento como con la libertad de romper la dieta y veo todo un banquete frente a mis ojos. ¡Qué emoción!
Y no estoy dejando de ser congruente con todo lo que fui en mi vida. Estoy siendo congruente con todo lo que soy hoy. Y hoy soy libre, soy el amor. Hoy todo lo veo correcto.
Aunque confieso que quisiera serlo sólo para alguien. Hoy toda mi locura quisiera vivirla tomado de su mano, de sus ojos, pegado a su piel y muy adentro de sus sueños e ilusiones…

¡Estoy más vivo y más loco que siempre y que nunca!

¡A brindar con leche fría!

P.D
Recuerdo que este es mi blog personal y cada quien habla como le ha ido en la feria… ja, ja, ja.

2 comentarios sobre “La factura de tanta leche fría…

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