Sentir y vivir como instinto de supervivencia…

¿Cuánto estás dispuesto a hacer por sentir una ilusión, por alimentarla día a día?
¿Has sentido lo incontrolable? ¿Has creído en el absurdo? ¿Has vivido lo inevitable? Entonces has vivido…
Caminamos, nos enamoramos, nos encontramos con esas luces que brillan en el cielo de nuestros ojos y no comprendemos lo que quieren decirnos. No nos queda más que tratar de averiguarlo, de vaciar el corazón en esa piel que tiembla, en esas caricias que elevan y en ese miedo que aterra.
Vivir es atrevernos a desnudar el alma, a frotar la piel con la yema de los dedos y los pies sintiendo el silencio  de las montañas, el calor del desierto y la brisa del mar… paisajes en el tiempo, en el cuerpo, en el amor que busca su encuentro.
Ay, cuánto quisiera tener a quien dedicarle mis pensamientos y mis promesas, mis sonrisas al amanecer acompañadas de un beso eterno, de una mirada y un “gracias vida”.
Mi vida es de a dos. Dos platos de cereal, dos vasos de agua en el buróe, dos cajones de sueños, dos lealtades que se protegen más que a cualquier especie en extinción. ¿Cuántos tropiezos he tenido en mi vida?, ¿cuántos deseos he acumulado…?
Complicidad, ternura, fuerza, voluntad y entrega. El brillo de tus ojos y el rechinar de mi sonrisa… un boleto a las alturas.
¿De dónde somos los hombres que después de atrevernos a salir del cielo, queremos volver acompañados?

¿De dónde somos los que quisiéramos una sóla piel para escribir nuestra historia, para borrar nuestros miedos, para adentrarnos en el amor sin tiempo?

Tú contigo, yo conmigo, tú con él, yo contigo en mi… ¿Quién escoge esta condición?
Podría ir por la vida y pasarte de largo, ¿pero qué caso tendría? Se que te encontraría una vez más a la vuelta de la esquina.
Mejor te vivo, me vivo, me muero y te sueño. Mejor descubro todo lo que puede surgir de mi, mejor me entreno para ser feliz.
Magia, magia, esta vida loca. Esta vida loca y yo loco… deberíamos llevarnos mejor, o por lo menos entendernos más y quedar contentos, tranquilos. No estoy mal, no miento. Ya ha sido bastante caminar y demasiado soltar mis alas al viento. Hoy en mi vuelo me acerco a ti y te siento.
¿Qué más se puede pedir? ¿Posesión, contrato, derecho, título, almohada y cepillo de dientes compartido?
Tu ombligo y mi ombligo… Agujeros en el espacio, universos comprimidos, cascadas en espera, volcanes dormidos.
No se, no sabes, no saben. Lo único que hoy me importa y que me queda claro es que deseo…

Salvador Núñez.

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