Los juegos prohibidos están permitidos…

No sabía ni por donde empezar, la idea me daba vueltas por la cabeza pero me estaba costando trabajo escribir. Me desvestí y decidí meterme a bañar para estar más cómodo porque estaba sudado del gym. Le abrí a la llave del agua caliente y me metí a la regadera sintiendo el vapor y el calor en la piel… Una buena manera de empezar a escribir era empezar a sentir y a recordar… Uuuuffff  Vaya que salió vapor de ese baño. Ja, ja. Me puse a hacer memoria de todos los “juegos prohibidos que me he regalado”… y me dí cuenta de una cosa: de los 17 a los 23 años me los permití y me divertí como loco. De ahí en adelante, hasta los 35 los seguí jugando pero sin divertirme. Sentía culpa, remordimiento o simplemente había algo en mi que le había quitado la diversión a lo que antes era una fiesta de carne y piel. Luchaba por ser quien no era…. ¿En qué momento nos llegamos a comprar  todos esos  absurdos conceptos limitantes, todas esas ideas de “falso pudor”, ” de “acomplejada moral” de “supuesto pecado”? Sin darnos cuenta, nos dejamos arrastrar por todo eso y lo volvemos parte de nosotros aunque no queramos, aunque nos sintamos rebeldes luchando por ser diferentes y expresarnos tal cual somos.


En lo personal, sin darme cuenta le tomé coraje a tantas cosas hasta que casi se me agotaron mis opciones para estar de acuerdo y contento con algo. Se había vuelto casi imposible sentirme tranquilo. De verdad, no exajero. Quise renunciar a todo e irme a un monasterio en el Tibet. Y llegué al monasterio, pero por más que hice todo por quedarme, nunca lo logré. ¿Apoco se me ve el demonio en la cara? Ja, ja, ja. Pero claro, emberrinchado me quedé en un asram en India. Ahí me topé con occidentales con más años que yo y más llenos de coraje, resistencias y complejos.

Pero bueno, no me desvío del tema.

  • ¿Por qué tanta gente llegamos a creer que el pacer es malo, que sentir la “leche fría” es un escándalo? Ja, ja, ja.
  • ¿Por qué condenamos a todos los que se atreven a hacer cosas que nosotros no hacemos?
  • ¿Por qué no nos atrevemos a hacerlas?

De verdad que a estas alturas del partido, absolutamente nada lo veo mal. Simplemente tengo la capacidad de fluir y decidir con lo que me siento cómodo y con lo que no. Eso es todo.

Llegué a odiar la publicidad, a los modelos, las marcas, el sistema. ¿Les suena familiar esto? pero un día me cayó el veinte de que “la vida es un juego”. Y depende de cada quien lo aburrido o divertido que decide volverlo.


Si creo que primero hay que perdernos para después encontrarnos, que hay que caernos para aprender a levantarnos. Pero después de tantos chingadazos en los que logras levantarte, casi casi por puritito instinto de supervivencia, resulta que te queda una sensación de libertad y felicidad. Entonces empiezas a atreverte a vivir tu propia vida sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin preocuparte lo que piensen los demás de ti.

Y viene lo más interesante: a lo que más te resistías es a lo que más gusto le agarras… ja, ja, ja. Lo que más te molestaba, empiezas a verlo de una manera completamente diferente y le tomas tanto gusto que quieres experimentarlo y sentirte parte de eso.

Para ser sincero, siempre he sido vanidoso, vengo de una familia a la que le importa mucho el físico y la verdad es que todas las mujeres están ¡chulísimas! Desde la más grande hasta la más chica. ¡Es de llamar la atención! ¡Pero que rico, carajo! Como dijera “Pompin Iglesias”: ¡Qué bonita familia, que bonita familia! (chiste mexicano y generacional), ja,ja.
En un momento de mi vida me revelé ante eso y critiqué a toda mi familia sin darme cuenta que me criticaba y castigaba también a mi mismo. Obviamente, cada vez me sentía peor conmigo y con todos. Ahora me pregunto ¿Qué tiene de malo la vanidad, el procurar tener un cuerpo estético, el sentirte cómodo contigo mismo y hasta contonearte y coquetear por las calles si sabes que todo es un juego, tu juego?
Cuando de verdad lo descubres, la vida vuelve a brillar, todo se vuelve novedoso y divertido, quieres jugar al guapo, al sexy, al cachondo, al coqueto. Se te antoja sentirte por momentos modelo, hasta actor porno. ¿Por qué no? ja, ja, ja. No seamos hipócritas. Todos fantaseamos pero a veces hasta en eso nos limitamos.

“Quien sabe perfectamente quien es y lo que vale, quien ha descubierto la fuerza que lleva dentro y el sentido más profundo de su vida, puede jugar a lo que le de la gana y divertirse como enano”.
Como quiera, siempre habrá quien nos critique, nos señale y nos juzgue, pero hasta eso se vuelve divertido cuando sabes a lo que estás jugando. Simplemente porque esa es gran parte del juego. Sólo que hay una gran diferencia entre ser el que juega y hacerla de juguete…

Cuando seguimos atrapados en los conceptos de culpa, somos los juguetes y ese es el papel que nos toca jugar en ese momento. Sólo que no es divertido porque creemos que es algo en serio. Ja, ja, ja. Pero cuando nos liberamos incluso de nuestros propios conceptos, entonces llegamos hasta a sorprendernos de lo que somos capaces de hacer y de la forma en que podemos disfrutarlo.
Estoy escribiendo enfocándome más en la parte sexual, pero todo esto puede aplicar a cualquier aspecto de nuestra vida.
¡Que la vida que llevamos dentro se exprese y la consciencia que hemos acumulado nos permita cuidarla y conservarla!

Caer en los excesos…
¡Qué rico, eso es cosa de cada quien! ¿exceso para quien?
Como el niño que se traga todo un pastel de chocolate y le da tremenda diarrea… Seguro que aprende que tanto pastel le hace mal y para la próxima no se atraganta. Pero qué tal si otro niño se zumba el mismo pastel completo y resulta que salió de mejor estómago y no le cae mal? “Cada quien su vida, todos somos diferentes”.
Pero nos encanta juzgar, condenar, señalar….
Nada de esto tendría nada de malo si todos nos sintiéramos cómodos tal y como somos.

Que rico el sexo, que rico el morbo, el cuerpo, la piel, el deseo… ¡Pero que milagro el amor!

Yo digo: “quien no aprenda a querer, a usar y a aprovechar todo lo que tiene, está desperdiciando una parte de su vida”.
Yo jugué al “supuesto espiritual”, al que abandonó el placer, lo superficial, al que no jugaba a la vanidad, a la moda, a los lujos y ¿saben qué? Lo perdí todo y resultó aburridísimo.

Ya me reconcilié conmigo mismo, me encanta que la gente sea diferente, estoy recuperando lo que me hace feliz y aunque se que mi paz y mi felicidad no está en el exterior, ¡el poder jugar con todo lo que hay allá afuera se vuelve muchísimo más divertido!
“Hoy creo que la verdadera espiritualidad recide en encontrar la armonía de la vida para volvernos libres y felices,  y no en ser aquellos idealistas que sufren porque nada es como ellos creen que debería de ser”.

Sólo hay que recordar algo….  “Jugadores, no juguetes”.

La vida, el cuerpo, el sexo, la belleza, la estética, todo es una sublime expresión de “arte”.
El día que lo veamos así, nos daremos cuenta que todo es subjetivo, divertido y que todos somos “tremendos artistas”.

¡Cómo olvidar esta escena…! Ja, ja, ja.

¡Que rueden los vasos de leche fría por toda la web!
¡La casa invita…! Ja, ja, ja.

3 comentarios sobre “Los juegos prohibidos están permitidos…

  1. Completamente de acuerdo contigo, debemos liberarnos del que dirán y disfrutar más la vida como se nos va presentando, gozar de todos y cada uno de los momentos que tenemos y dejarnos llevar por el sentir del momento, sin reprimir las emociones y deseos. Finalmente quien dice lo que está prohibido?, quién dice hasta donde se permite y hasta dónde no? Quién puede decirme que hago bien o hago mal, si las reacciones y consecuencias serán en mi persona, cómo puede alguien mas saber que me hace bien o mal.

    A vivir plenamente cada segundo de la vida, que es único y no se repetirá!!!

  2. Hola Salvador

    Tus reflexiones me cayeron como anillo al dedo. Acabo de regresar de un lugar donde me resistía a acudir por lo mismo que tu escribes “el qué dirán” o “ya no estoy para esos lugares”, o simplemente temores o dudas que me detenían a asistir. Pero hoy que iba hacia el, pensaba, “si esto es lo que siempre me gustaba hacer, ¿por qué lo he dejado?”.

    Es cierto que cuando era más joven hacía cosas más audaces y me gustaba hacerlas. Desde luego con el tiempo los años volvieron más prudente. Pero se puede seguir actuando con prudencia y cuidado y disfrutar de aquello que me gustaba tanto.

    Total, que llegué a ese lugar y lo disfruté tanto que salí con una cara de felicidad, de travesura, de satisfacción… Definitivamente, debemos volver a jugar como antes lo hacíamos y es muy cierto lo que dices, “hay que ser el jugador y no el juguete”.

    De ahora en adelante seré el jugador en muchos aspectos de mi vida y la disfrutaré mucho.

    Salud con un vaso de leche fría. Hasta pronto.

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