Leche Fría en silencio…

Me gusta el color blanco, me gusta el silencio, me gusta la risa que siempre se escapa.
Me gusta el domingo por la mañana y las palmeras moviéndose con el mismo viento que entra por mi ventana.
Me gusta la calma aparente, el deseo de vivir mejor que siente la gente. Esa búsqueda constante que cada quien expresa a su manera.
Me gusta la felicidad que entre todos construimos y se nos dificulta tanto ver. Quizás la razón sea que no hemos caído en la cuenta de que no vivimos, tan sólo jugamos. Que cada pensamiento y cada sueño en nuestra mente debería ser tan simple y preciso como un golpe de canica. Tan blanco y tan fluido como la Leche Fría.

A veces me pregunto por qué uno sonríe cuando quiere verse bien o simplemente caer bien en una foto. Y es que detrás de una sonrisa siempre hay silencio. Esos instantes de “nada” que son los que nos crean, los que nos llenan por dentro, los que nos mueven las alas y también los que enredan las piernas entre las sábanas cuando tenemos con quien compartir algo interesante o al menos, excitante.
Me gusta la vida detrás de cada gesto, la pasión que se refleja en la voz de quien canta una canción. Cantar… esa manera tan fina de maquillar sentimientos y emociones para darles la belleza y armonía que en su momento no supimos darles. Bueno, depende de la canción.
Soy un alegre nostálgico, un escandaloso silencioso. Aunque mis silencios los comparto con muy pocos. Dirán que no son tan pocos, porque cuando estoy en silencio es cuando escribo. Pero quien me lee no recibe silencio. Escucha el eco…
¡Qué ruidoso puedo llegar a ser! Lo soy cuando estoy contento, pero no cabe duda que hasta el contento constante puede llegar a cansar… Después de la risa, una reflexión, una emoción, un recuerdo. Después de una lágrima, un período de silencio y después quizás una piel, un beso y a sonreír de nuevo. ¿Cómo no aprendimos de niños a entender la vida cada vez que en una feria nos detuvimos a observar la rueda de la fortuna? Subes, bajas, te mareas y hasta gritas que el movimiento pare. Pero después, vuelves a hacer la fila necesaria con tal de treparte de nuevo. Y es que como dijera García Márquez: “La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Quizás las soledades sean muy buenas compañías y por eso nos cuesta tanto en ocasiones dejarlas ir. Sin embargo, hay que aprender a convivir también con el mundo para poder tener siempre algo que contar, algo que decir. Algo con qué volvernos atractivos e interesantes para esas soledades.

“Nada ha cambiado mucho con el paso del tiempo, tan sólo la apariencia…”
Ya no escribo en un cuaderno, pero escribo sobre un teclado. Sin embargo, digo lo mismo y se me sigue cansando la mano. Ja, ja. Lo maravilloso es que con apretar un solo botón , puedo hacerle llegar lo que siento a quien quizás esté del otro lado del mundo queriendo decir cosas también escucharlas.
“No me pierdo porque no me encuentro, pero siempre estoy cuando no me busco”. Entonces, qué bien me siento. Sin embargo, el juego es entrar y salir, subir y bajar, crear para sentir y recordar.
Me extraña cómo soy capaz de dar dos imágenes completamente distintas a la gente. Antes me parecía incongruencia de mi parte, hoy me parece una divertida congruencia conmigo mismo. Soy quien soy, como soy y de todo tengo. No me limito, siempre habrá alguien parecido a uno, siempre habrá quien pueda leer entre líneas, quien no se conforme con lo fácil y bobo, quien no se cuestione tanto y tan sólo se atreva a sentir. Eso me parece mucho más prohibido, atrevido y excitante. Porque no lo vamos a negar, eso es algo que todos buscamos, aunque lo encontramos en diferentes partes.

Cuando me alejo de todo me encuentro, pero cuando por mucho tiempo me encuentro, siento que me estoy alejando de todo… Creo que esto es el resultado de la “ilusión” en torno al concepto de “distancia”. O quizás sólo sea el producto de mis alucinaciones o mis espontáneas explicaciones.

Mejor recargo mi cabeza en la almohada, la abrazo y me la pego a la cara. Me muevo despacio sintiendo el roce de las sábanas por un os segundos y después me levanto, me encuero y me meto a bañar. Es tarde y ya tengo muy marcado el resorte de los calzones. Ja, ja, ja.

El vaso de Leche Fría está servido. Me lo tomo antes de que se vaya a calentar…

P.D
Este post, casi igual, lo publiqué en el blog de mi web. Y es que todo por allá también se está volviendo más freco, más personal, más #CoolMood. Así que los invito a darse sus vueltas por allá. salvadornunezweb.com

Mi trabajo en la web ya no será tanto como Coach ni instructor de yoga. Será más como “comunicador”. Y para comunicar bien, hay que saber entretener y sorprender. Ser siempre uno mismo para poder hacer la diferencia.
Así que como dijera Robbie Williams… ¡Let me entertain you!

Salvador Núñez.

@salvadornop

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