¿Cuál será el secreto para poder realmente amar a alguien?

¿Por qué amar a alguien?

 Ya no soy ningún niño, aún recuerdo la primera vez que me enamoré, fue mágico, maravilloso (sus ojos eran más azules que el cielo), y la primera vez que tuve pareja, sufrí y lloré como imbécil aunque también hubo muy buenos momentos. De mi primer pareja aprendí lo que no se debe hacer ni permitir en una relación, pero también descubrí de lo que estoy hecho.

De la segunda aprendí que uno debe sanar, olvidar y perdonar antes de involucrarse con alguien más. Esa segunda pareja significará siempre en mi vida “el amor frustrado”será por siempre la incómoda pero inevitable pregunta: ¿Qué hubiera pasado si yo no lo hubiera traicionado?
De la tercera aprendí que no puede uno forzar las cosas, que un amigo es un amigo y que hay que aprender a entenderlo. Un amigo puede ser tan maravilloso como un hermano.

De la cuarta aprendí el amor puro, la entrega total de un ser maravilloso que ya había vivido suficiente y su ilusión era hacer feliz a alguien más. Lo logró. Él no pudo darme ni enseñarme más, le vivo eternamente agradecido.

Y de la quinta estoy aprendiendo a ser feliz, a pensar a futuro, a contemplar por primera vez y sin miedo la idea del “para siempre”. Hoy se que eso es posible pero también se que solo hay una forma de conseguirlo: fluyendo, comprendiendo, asimilando inteligentemente los cambios y las necesidades de cada uno y comunicándolo.

Mi quinta relación me llegó a los 39 con alguien 13 años menor que yo. Pero él solamente es menor que yo de edad. Él es mi pareja más joven y también el más alto, el que puede resultar más inteligente que yo. A mi edad sigo sin entender y sin poder aceptar ni cambiar muchas aspectos de mi vida, batallo a diario con eso y me resulta cansado, hay cosas que callo y sufro a diario pero él está siempre cerca para hacerme sentir bien, él me acepta como soy porque a pesar de todo, sabe, siente que es alguien a quien amo y valoro profundamente en mi vida, él sabe que mi corazón le pertenece.

Ninguno de los dos puede leer la mente del otro pero siento que nuestras miradas saben leerse y transmitirse tranquilidad mutuamente.

Cuando uno le lleva más de 10 años a la otra persona, no es imposible una relación, pero hay que ser lo suficientemente inteligentes emocionalmente para darse cuenta que hay cosas que uno no podrá evitar y que, además, sería un delito pretenderlo.

No es fácil, hay cosas que no quisiéramos que sucedieran pero también hay cosas que no quisiéramos hacer y sin embargo, llegamos a hacerlas. Esas mismas cosas que por un lado están condenadas pero por otro son un bálsamo para el espíritu. Ese espíritu que no entiende la lógica de la razón humana ni del ego, ni de el afan por controlarlo todo. Ese espíritu que siempre permanece libre en nosotros, celebra su existencia y de vez en cuando nos exige poder bailar y embriagarse sin ninguna restricción.

Dicho de una forma más cursi y novelera: “A veces lo único que puede salvarnos es el lujo del pecado, ese mismo lujo que también puede llegar a condenarnos”. La vida y el amor son una paradoja.

Pero ¿para qué es la vida si no es para vivirla, para toquetearla, para saborearla?

Puede llegar a sonar un poco cínica la pregunta, sin embargo, en la comprensión profunda de ella creo que radica el secreto del verdadero amor y del sentido de amar a alguien.

Cuando uno acepta y abraza su naturaleza, su libertad, entonces le permite a la otra persona hacer lo mismo y se convierten en cómplices, en compañeros, deciden enredarse en un triángulo amoroso con la vida.

No, todavía no llego a esa comprensión tan profunda pero por lo menos puedo ya verla un poco menos lejos que antes. Es como si hubiera naufragando toda mi vida y al fin lograra ver el faro de luz que significa la tranquilidad, la salvación y la luz de regreso a casa.

No me arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho a lo largo de mis 42 años porque se perfectamente que en cada momento hice lo mejor que pude, aunque en ocasiones no haya sido suficiente para poder conservar lo que más amaba.
Esto uno lo comprende con el tiempo, pero nunca deja de doler poquito, porque quien aprende a mantener la ilusión, nunca olvida del todo.

Siempre le di demasiado peso al amor, al sentimiento, al corazón. Mi esencia no ha cambiado hasta el día de hoy, sigo siendo un bohemio perdido aunque ya no lo digo, aunque tampoco lo oculto. Digamos que hoy soy una versión distinta del eterno enamorado.

No me siento viejo pero ya no soy joven y confieso que me cuesta mucho trabajo aceptarlo. No porque quiera aferrarme a ser un niño o porque le tenga miedo a las arrugas o las canas, sino porque me presiono demasiado. No puedo terminar de sacar de mi sistema las estúpidas ideas con las que crecí, esas que nos hacen sentir siempre menos que mucha gente, inseguros sin importar lo mucho o poco que hayamos conquistado en la vida. Porque como dicen por ahí: “caras vemos, corazones no sabemos”. Quizás esos personajes a quienes envidiamos porque en ellos vemos lo que siempre hubiéramos querido ser o tener, viven más insatisfechos que uno. Es un hecho, nos dejamos llevar demasiado por las apariencias.

Y cuento todo esto porque se que superarlo también es la clave para poder amar profundamente a alguien. Uno no puede hacer feliz a nadie si no aprende a ser feliz estando solo y en silencio, porque tarde o temprano en una relación, cuando la pasión se va apagando y transformando, cuando uno deja de gritar y brincar, lo que empieza a compartir es precísamente el silencio, ese con el que, si se siente cómodo y armonioso, las dos personas podrán bailar al mismo ritmo y los mantendrá enamorados, pero si se siente incómodo y forzado, en lugar de bailar, los dos comenzarán a pisarse los pies.

El amor es una escalera que puede llevarnos al cielo, pero toma muchas vidas, mucho espacio y silencio aprender a subirla y disfrutar cada escalón llevando al compañero de la mano.

Me retiro por ahora respondiendo la pregunta del título: ¿Por qué amar a alguien? Porque es una necesidad de todos, porque necesitamos siempre de alguien que se vuelva nuestro reflejo y nos recuerde que seguimos existiendo.

Dicen que no hay 5to malo. Yo digo que lo único malo es ser quinto. =0

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