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Que vuelva la Leche Fría….

No me salen palabras para escribir. Ni siquiera me siento con ganas de hacerlo. Sigo con los pensamientos y emociones hechas nudos, con demasiado ruido en la cabeza. Necesito aire fresco por las venas, lluvia de campo y tierra mojada en la planta de los pies. Necesito humedad y calor en la piel de la ilusión. Necesito volver a empezar en muchos aspectos de mi vida. Qué ironía, de alguna forma, tantos cambios son los que me traen de cabeza. Pero no los que quisiera.
Me he dado cuenta que llegué a este estado después de no hacer yoga por más de dos meses, cuando llevaba  9 años de mi vida practicando y enseñando constantemente. Cada uno vamos encontrando nuestra forma de estar bien, de sentirnos bien. En mi caso, por ser el yoga parte de mi trabajo, de pronto no valoré lo que significaba, lo di por hecho y en el fondo, quizás pensé que tan sólo era trabajo. Pero justo ahora me doy cuenta que era mi equilibrio, que de ahí salía ese silencio que tanto disfruto,  esa inspiración para escribir, para componer canciones, para simplemente estar. Me estoy dando cuenta de muchas cosas y creo que al final, quedará algo maravilloso de esto: una gran comprensión de algunas cosas.

Ahora entiendo el ritmo agitado de la gente, el ruido en su cabeza, la sensación de que el tiempo no alcanza, el ansia, la angustia, la poca paciencia, la evasión y el ajetreo. El sentarse en una silla y no poder disfrutarlo por tener la mente dando vueltas y vueltas. ¡Que a tiempo me he dado cuenta de todo esto! En el fondo, nadie somos así. Quizás mucha gente ya ni siquiera lo ve como algo incómodo, porque simplemente se ha acostumbrado y ya es su forma de vivir. Yo más bien diría, de sobrevivir. ¡Qué peligroso es olvidar! Y qué sabia es la vida que nos hace recordar y valorar. Si bien es cierto que hace algunos años llegué a irme al otro extremo en mi mundo de introspección, espiritualidad y silencio, creo que ahora estoy más cerca de encontrar “mi propio equilibrio”.  Y es que en ocasiones, tantos cambios a la vez nos dejan mareados y toma tiempo volver a sentir la suela de los zapatos  andando el camino y reconociendo que ese camino ya es el nuestro.

Pero se lo que tengo que hacer y es sólo cosa de volver a hacerlo. Podría incluso dejar de escribir, poner música en este instante y empezar a hacer yoga para vaciar mi mente, para empezar a sacar la droga del ruido que fluye por mis venas, mezclada con no se cuanta cafeína que me he recetado últimamente. ¡Qué curioso! Antes tomaba mucho café y me hacía bien, lo disfrutaba demasiado. De dos meses para acá, con dos tazas ya me estoy poniendo muy loco y ansioso. Esa misma ansia nos hace seguir tomando café y hace que el malestar empeore. Y el café no tiene nada de malo. Lo que no está bien es perder nuestro equilibrio, perdernos a nosotros mismos. Corrección: “La vida no se equivoca. A veces nos da la oportunidad de perdernos para poder volvernos a encontrar”.

Empezaron a fluir las palabras, pero la verdad es que no se siente muy cómodo escribir. Sin embargo, creo que algo bueno saldrá de esto. Nunca sabemos por donde empezar los cambios que necesitamos.Quizás sea buena idea empezar por respirar profundo y recordar los momentos más felices que hemos tenido. Esa sensación hará que nos sintamos mejor, ese sentimiento de bienestar puede activarnos de nuevo.  Me gusta recrear esos momentos lo más posible. Quizás con música, con colores en las paredes, con fotos, con todo lo que me recuerde quien soy cuando me siento feliz, cuando estoy contento y tranquilo.

Tengo la ilusión de un cambio grande en mi vida. Quizás lograr la parte de trabajo que he buscado por tanto tiempo, quizás un nuevo amor que me haga olvidar casi todo y ponga mi mundo de cabeza una vez más.
(Supongo que eso lo enderezaría.. ha, ja ).

¿Será que a veces caemos en el error de olvidar nuestra sensación favorita de libertad para no extrañarla tanto…?

Hoy me acordé de mi,  de lo que me gusta. Hoy me gustó mi espíritu cínico, descarado, poco pudoroso, vanidoso, libre, intenso y apasionado. Necesito silencio por dentro para no olvidarlo, para no dejar de expresarlo. Porque a veces expresamos las cosas pero dejamos de sentirlas.

En mi cabeza, la vida y los sueños se proyectan siempre como una película. Necesito aire fresco por las venas, lluvia de campo y tierra mojada en la planta de mis pies. Necesito la humedad, el calor, el sudor de la piel que produce la conexión de dos miradas…
Termino este “post” como lo empecé y compruebo una cosa: Todo es cíclico, todo pasa, todo empieza y todo acaba, todo da vueltas y vueltas regresando al mismo lugar, porque la esencia es lo único que nunca cambia. Y ese es nuestro mayor regalo.Ahora que he recordado muchas cosas y siento mayor claridad, ahora que la neblina se está despejando, quizás pueda volver a ver la magia de cada momento y llegue alguna buena sonrisa a mi encuero. Perdón,  ¡encuentro! Ja, ja, ja.

Ahí la llevamos…

@salvadornop