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¿De tres en tres…?

Todo el día experimentando un sentimiento, una emoción que no conocía o no recordaba. Un día que comenzó a las 12:00pm a cortina cerrada después de una noche larga e intensa, después de verme envuelto en una sorpresa que de forma extraña y sorpresiva, dentro del cáos de mi mente, provocó al corazón. Aún existen restos de la noche tirados alrededor de mi cama, aún veo colgada a la luna entre el sueño y la almohada. Este es el instante en el que me vengo dando cuenta; siento la piel despierta, húmeda, callada y gritando a la vez. Se me ha ido todo el día en pensamientos pero me siento vivo esta noche, con la sonrisa, la nostalgia, el miedo, el anhelo, la tristeza, la emoción, el sentimiento, la ilusión y la frustración palpitando. Todo eso que somos y que nos recuerda que estamos vivos.
Haciendo un recuento de mis sonidos y silencios de los últimos meses, debo reconocer que los años han comenzado a hacerme muchas preguntas, que empiezan a pedirme explicaciones y yo me hago chiquito con la mirada insegura de un niño en su primer día de clases, tratando de contestar. Doy más justificaciones que explicaciones, pero nunca he sido más honesto y libre al hablar y sentir. En cierta forma y en el buen sentido, puedo decir que ya me he rendido. Hoy  vivo ondeando mi bandera blanca y me he retirado de la trinchera. Hoy sólo queda el recuerdo del tiroteo y la guerra que duele, pero el haberla vivido y saberme de pie, al mismo tiempo me sana y me hace más fuerte. Sin embargo, esa fuerza siempre necesita de la debilidad y la fragilidad del amor.

Noches de tres… de tres historias, tres preguntas, tres caminos y en mi una sóla conclusión: un sólo sentimiento. ¿Cuántos disfraces tendrá el amor? ¿Cuántas mentiras más seremos capaces de imaginar para  seguir sintiendo y creyendo? ¿Cuántos juegos más inventaremos por el puro afán de un instante de sueños?

Y aunque aprendemos a no ponerle nombre a lo que vivimos, aún así, al anhelo no se le engaña. Él no está hecho de razones sino de emociones, y querer matarlo es peor que ver morir al cielo.
Ojalá hubiera más gente “vidente”, de esa que no se queda con lo que ve a simple vista, de esa que sabe perderse en tus ojos y logra encontrarte. Ojalá la curiosidad fuera más grande y el miedo más chico… porque nunca falta el deseo.

¡Cuánto interiorizar y darle vueltas a las cosas! Pero no puede uno dejar de sentir y al mismo tiempo, de reconocer que cuando hay alguna magia, alguna química, algún sueño en sincronía, este no duda en manifestarse. Si hubiera sido así, segúramente no estaría aquí sentado escribiendo. La química compartida del amor no conoce el silencio. Sin embargo, estas son nuestras historias, nuestras noches, nuestra vida, el material que termina dándole forma a nuestra sonrisa y la ilusión que podemos inyectarle a cada nueva mañana.

“Leche Fría” para despertar, para neutralizar el sabor agridulce y para bañar al deseo.

@salvadornop

Salvador Núñez.

P.D

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